Una palabra nueva en mi blogger “INVEROSIMIL” para ser
coherente con lo que quería expresar. Del adjetivo “que no tiene apariencia de
verdad”.
He descubierto con el tiempo, y la experiencia de mi oficio
– coach motivacional – que las personas temen – en forma desenfrenada a las
palabras – cómo si las palabras fuesen armas de doble filo o bestias salvajes.
Si bien “ el lenguaje es creador de mundos”; las palabras sin la acción de
quién las pronuncia no ejecutan ningún efecto.
La gente le tiene miedo a decir lo que siente. Por eso
inventa lo que no siente y te dice “te veo” cuando quiere decir “ nunca más te
voy a buscar” o “éxitos” cuando quiere decir “ que te vaya mal”.
Yo me lo sé. Y en materia masculina; son especiales en decir
lo que creen que no aguantaríamos escuchar. De alguna forma son como ángeles
benévolos que detestan romper nuestras frágiles corazones; pero en el fondo no
quieren romper su imagen de “ buen tipo” y no soportar las consecuencias de sus
elecciones.
Sin embargo, sería tan fácil ir por el mundo diciendo lo que
sentimos; habría menos sufrimiento, resentimiento y resignación. Empezar a
decir al “ pan, pan y al vino, vino, y al no te voy llamar más; se terminó”. Al
“no te quiero más en mi vida, eso no te quiero más en mi vida, en lugar de
enhebrar un juego macabro de suposiciones e ilusiones que caerán muertas en un
futuro cercano.
Las mentiras se huelen porque tienen un olor especial, es
como el olor de una habitación con humedad, nadie la nombra pero se hace
presente.
Las mentiras desencajan la mandíbula del que las pronuncia,
los ojos cambian de eje, y el trato se vuelve distante. Aunque no lo quieras,
se hace notar; porque el cuerpo no miente.
¿Cómo vamos a construir un mundo mejor desde el escombro del
otro?
Hay mil formas de decir adiós sin decir adiós, pero todas
muestran la hilacha de la indiferencia. Aunque te pongas creativo; todos nos
damos cuenta.
No mires al de al lado; te hablo a ti.
“aquél día, lo supe, no lo iba a volver a ver más”
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