La Real Academia de Lengua Española define la palabra perdón: “La palabra perdón y la palabra
perdonar provienen del prefijo latino per y del verbo latino donāre, que
significan, respectivamente, “pasar, cruzar, adelante, pasar por encima de” y
“donar, donación, regalo, obsequio, dar (si procede de la palabra donum, y
“hasta que se cumpla el tiempo (estipulado)” (si procede de la palabra donec),
lo cual implica la idea de una condonación, remisión, cese de una falta,
ofensa, demanda, castigo, indignación o ira, eximiendo al culpable de una
obligación, discrepancia o error.”
Entonces el perdón ¿es un regalo? ¿Para
quién, para quien lo otorga o quien lo recibe? Seguramente lo es para ambos,
aunque lo es más para quien lo extiende, porque en muchos casos y sobre todo en
las relaciones de pareja que terminan con actos que alguien debe perdonar
(parte ofendida o sujeto activo), el perdonado (parte agresora/ sujeto pasivo)
nunca se entera de haber recibido tan enorme regalo.
¿Perdonar es olvidar por completo el incidente
que nos lastimó? Porque hay quien confunde perdonar con olvidar y tachan de
rencoroso a quien no olvida una ofensa. Para mí la memoria y el rencor son
cosas muy distintas, puedes perdonar, sin que eso implique que se te olvide lo
que te hizo alguien a quien amas y te lastimó.
Para mi perdonar es confiar en quien me ha lastimado
sabiendo que lo puede volver a hacer. Es decidir dar el beneficio de la duda y
seguir adelante, aún cuando puede volver a pasar. Puedes seguir adelante desde
la posición en la que estabas: esposa, novia, amante, etc. O bien desde una
distinta, dejar de ser pareja para ser amiga. Perdonar no significa que los
términos de la relación sigan iguales.
Poder hacer eso es un regalo para quien
lo hace más que para quien lo recibe, porque es dejar atrás el dolor y volver a
confiar en que esta vez las cosas van a salir mejor. Es confiar en que ti más
que en los demás. Perdonar es como salir todos los días en automóvil, no puedes
tener la certeza de que el del carro de al lado sabe manejar y no te va a
chocar, ni el resto de los automovilistas con los que te vas a topar en el día,
pero tienes que confiar porque de otro modo no podrías salir de tu casa… para
poder vivir tienes que confiar.
La realidad es que muy pocas veces la
gente nos lastima con la intención de hacerlo y no porque los demás sean muy
buenos, sino porque no somos así de importantes para nadie. La gente a duras
penas sale adelante con su propia vida, su angustia y sus problemas, como para
planear de qué forma nos van a lastimar a los demás. Puede haber actos y
comentarios egoístas que nos hagan sentir mal, y lo mejor es nunca tomar nada
en forma muy personal, en primer lugar porque no lo es, nada es TAN personal
como pensamos (la gente es como es, con toda la gente) y en segundo lugar
porque vamos a vivir una vida más feliz y más tranquila.
A todos nos han lastimado y todos
alguna vez hemos lastimado a alguien, y nos seguirán lastimado y lo seguiremos
haciendo nosotros también y lo único que eso significa es que estamos vivos y
por eso sentimos (en este caso dolor).
Tenemos que confiar como nuestros papás
confiaron en nosotros cuando dijimos que nunca volveríamos a llegar tarde de la
fiesta, ni a reprobar una materia, ni a chocar el carro que sacamos sin
permiso. Ellos siempre nos perdonaron porque el amor de los padres es
incondicional, por esa misma razón, es mejor perdonar siempre… porque el amor a
NOSOTROS MISMOS también debe ser incondicional y el perdón es un acto de amor a
uno mismo.
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