Hay veces que creo en tu amor

Sincero, transparente, de ensueños y risueño. Me sacabas carcajadas a gritos, conversaciones interminables, suspiros eternos. Pero cuando llega la hora de la verdad, de la melancolía, de las tristezas; esos momentos que me embarga la soledad y la nostalgia, es cuando más requiero de ti y no estás, no te encuentro. Me quiero refugiar en ti pero tú simplemente te vas.
Y ahí entiendo que lo nuestro es un amor cojo, disfuncional, atrofiado. Que estamos bien en las buenas pero no en las malas, que lo incondicional no existe como vocablo en tu diccionario y simplemente no se da.
En todo caso, aún mantengo esa esperanza de que llegará ese día que lo comprendas y recapacites, que entiendas que te necesito cuando en verdad digo que te necesito -con todas sus letras-.
Si no llega a pasar, da igual; caerá la noche y dejara de doler. La incondicionalidad se esfumará y deshará como aquella idea de amor eterno que tengo, de esos que no mueren, de esos que no se rompen jamás. 


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