La expresión, “me ha entrado por los ojos”, “me ha caído bien a la primera”, etc… No son mas que síntomas de la fatalidad que sufrimos al prejuzgar a la gente que conocemos. Y es que normalmente, la primera impresión no es la que cuenta, y tiende a engañarnos. Es necesario tiempo, y sobre todo el paso por circunstancias positivas y negativas, para darnos cuenta de cómo las reacciones o actitudes van dibujando el verdadero talante de esa persona en cuestión. Y sin embargo, nunca llegamos a conocer a fondo a nadie. Somos muy nuestros, eso es indudable.
Otro de los casos muy comunes, es cuando esa persona que antes te encantaba de repente comienza a sacarte de quicio, o viceversa. Este hecho normalmente viene asociado a nuestra propia perspectiva. Si estamos alegres en ese momento, casi cualquier persona tiene de por sí nuestro voto positivo, mientras que si estamos de mal humor…, mejor que nadie se nos cruce por delante. En suma, tendemos a ver a la gente no solo desde nuestro punto de vista, sino que además depende de una gran cantidad de factores que hacen que alguien nos caiga bien o mal, sin que ni siquiera esa persona haya hecho nada.
Prejuzgar, malinterpretar, el clásico efecto halo y mil cosas más, nos hacen ver a la gente que nos rodea a través de un filtro, a veces enfocado y otras totalmente gaussiano. ¿Cómo podemos evitar esto? Si alguien da con la receta que no dude en compartirla 
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