Pude ver esos ojos cafés; grandes y presurosos; coquetos e
indiscretos; desenfocados y abatidos; pequeños e indefensos, hinchados y
oprimidos; serenos y enfadados; cautos, vengativos; desolados, vacíos, tristes,
llenos, secos, mojados.
Pude ver el cabello mortal y ondulante, rebelde, delgado,
grueso, lacio, calvo.
Un mundo sin fin, y con fines sucesivos; y sentí un profundo
dolor al darme cuenta: ¡cuántas mujeres mueren cada día frente a mis ojos
mientras yo nadaba en mi inconsciencia!
Aunque conserve el nombre que me han puesto mis padres, aún
pese a que yo me re-nombre; aunque tenga la misma nacionalidad, el mismo número
de identidad, algunas idénticas costumbres y gustos que hace un par de años,
aunque todos me miren y crean ver a la misma; yo no soy la de ayer. Yo soy otra
distinta.
Y es que cada día nazco y muero; me rediseño, absorbo,
desecho, me impregno de vivencias, que me modifican constantemente; el primer
impacto pasa por mi biología, el resto repercute en mi lenguaje, y en mis
emociones.
Yo, claro que soy yo, la de siempre pero cambiada. Me
reconozco en el espejo, pero a leguas no soy la misma. Y digo: ¡Ufff puchicaa, he!
– ¿es que ni yo me salvo de cambiar? Y
no. Nadie.
Y aunque certeramente, está la de hoy, me agrada mucho más
que la de antes; no puedo evitar el “lagrimón” que se me escapa cuando me
recuerdo. Por qué comprender que no está más eso que siempre estaba ahí, genera
un espacio de incertidumbre que perdura hasta que nos adaptamos a lo nuevo.
Frente a cualquier cambio siempre necesitamos de un proceso
de adaptación, de lo conocido a lo nuevo-diferente-a estrenar. Y esa aceptación
de la pérdida; ese decir “ya no está más eso”, el proceso de elaboración de lo
que no está, es el duelo.
El duelo es el dolor que me produce la pérdida, la ausencia
que aquello deja. Y los duelos, que devienen de la palabra dolor; duelen.
Repaso una definición que leí “El duelo es el doloroso
proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y
armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva
realidad”
Claro que hay pérdidas, pequeñas pérdidas y grandes
pérdidas, pero todas absolutamente todas prescriben una elaboración; una
asimilación de que algo que teníamos no está más; y que ahora otra cosas
ocupará su lugar, porque siempre el vacío se llena.
A veces un nuevo amor, un trabajo, un viaje, proyectos, un
hijo, un hobbies, o con recuerdos, o con sufrimiento, o con resentimiento o con
frustración.
Pero es espacio que quedó vacío siempre se llena.
Nosotros elegimos con qué llenarlo.
Y este proceso de aceptar “lo que no está” es un proceso que
nos permite crecer internamente. Cuando tomo conciencia de que la adolescente
que habita en mí ya no está más, doy
paso a esta mujer.
Llegué a ser quién soy, porque ya no soy quién era. Crecí.
Me transformé. Y aquí estoy, merced a todo lo perdido.
Será, acaso ¿Qué por eso dicen que crecer duele?
Adaptarnos a nuestra nueva condición después de perder algo. Con tristeza vuelta coraje, para que no duela tanto. Con desapego a las cosas... es al fin, un proceso de invención y reacomodo.
ResponderEliminarMuchas mujeres mueren y sufren cotidianamente, sin plantearse algo tan sutil y definitivo como tu preocupación.
Uno de los mayores retos en la vida es a ti mismo estar en un mundo que está tratando de hacer como todo el mundo.
ResponderEliminarIndependientemente de lo sucio que su pasado ha sido, su futuro sigue siendo impecable. No empiece el día con los pedazos de ayer. Cada día es un nuevo comienzo. Cada día es un nuevo comienzo. Cada mañana nos despertamos es el primer día del resto de nuestra vida.
ResponderEliminar