-¿Qué te pasa ahora por
esa cabeza? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué te preocupa?
-Quiero...quiero... alguien que me venga a buscar aunque
llueva a cantaros y se empape a mi lado sin pensar que estaría más cómodo bajo
el techo de una cafetería. Alguien que se emborrache conmigo aunque no sea día
de fiesta y no tenga miedo a posar desnudo si se lo pido. Que entienda que me
gusta levantarme tarde, muy tarde, y comer en pijama y descalza. Que se trague
ciertas películas por mí y que le guste escribirme cartas los fines de semana;
y si se acaba la tinta, que me lo diga al oído muy bajito justo antes de que
nos vayamos a dormir. Que duerma conmigo y no se queje cuando le de patadas o
hable en sueños y que se ría conmigo la mañana siguiente en el desayuno.
Desayuno que puede darse a las seis de la tarde. Que compre ositos de goma por
sorpresa y me los deje bajo la almohada los días que trabaje y no vaya a estar
conmigo, que antes de dormir nos miremos, nos miremos durante horas pensando la
de meses que hace que no nos veíamos. Que jamás me llame por mi nombre, pero
que me llame mucho.
-Ya...¿Y eso dónde dices que está? Porque la vida ni es ni
puede ser tan maravillosa, por mucho que nos pese, eso debe cojear por muchas
patas de gallo y debe tener un sin fin de surcos de esponja ¡La vida y el amor
revientan sus costuras de tantos fallos como tienen!
Aquello que habita en el pasado y aquello que habita en el futuro es solo una pequeña cosa comparado con aquello que habita dentro de nosotros.
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