PAÍS DE SANGRE FRÍA



La cifra de desplazados en Colombia ha crecido más de un 300 por ciento desde 2004

Este post sale de los casos de gente desplazada que vive en mi país… Familias como la Clutter en Colombia deben existir muchas, familias que resisten y sobreviven a la sangre fría de algún criminal. Para quienes aún no han leído el libro A sangre fría del periodista y escritor Truman Capote, quizá no sepan quién es la familia Clutter y mucho menos sabrán de la crudeza de Dick Hickock y Perry Smith. En resumidas cuentas: a las afueras de un pueblo llamado Holcomb, en una zona solitaria, una familia es cruelmente asesinada por dos ladrones que después emprenden la huida. Una tragedia ocurrida en 1959 al oeste de Kanzas y de la cual Capote, captura los más apasionado momentos.

El nombre del libro es la analogía de la forma en la que se comete el asesinato. Esto me lleva a pensar que vivimos en una sociedad de sangre fría. Y a sangre fría.

Lo digo porque se venden más periódicos con titulares como "Totazo mortal" y de portada la foto de algún pobre hombre en el suelo lleno de sangre. Lo digo también, porque siempre que en algún lugar ocurre un accidente, de muerto o herido, siempre alrededor del afectado hay una muchedumbre que rodea la escena y no precisamente para socorrer, sino para satisfacer el morbo del cual hemos sido hechos y del retorcimiento con el que crecimos. Y lo sigo diciendo porque no es tampoco su culpa ni la nuestra  que hayan tenido que crecer en uno de los países más peligroso del mundo a pesar de la Pasión (porque país de pensión no es) de algunas marcas por insistir en que Colombia es el mejor vividero del mundo.

¿Cuántas familias Clutter pueden existir en este país? Familias que deben sobrevivir a diario con el asesinato de algún hermano, tío, padre o madre, familias que deban lidiar con una bala perdida incrustada en el abdomen de uno de sus hijos con apenas once años. Familias como las que ahora están sufriendo en sangre propia al ejército ‘anti-restitución’ de tierras que está en contra de que se les devuelvan a los campesinos desplazados los terrenos que les fueron arrebatados por los grupos armados ilegales. Familias como las que vemos a diario en los semáforos con algún cartón diciendo "Somos desplazados".

Somos apáticos, aceptémoslo, así crecimos y así vamos a seguir, por nuestras venas no corre sangre sino hielo, no nacimos con el pan en la boca sino con la indolencia debajo del brazo, pasamos por el lado de niños que recorren calles pidiendo dinero y nos despreocupamos porque creemos que son únicamente responsabilidad del Estado. País del asco.

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