Este post
sale de los casos de gente desplazada que vive en mi país… Familias como la
Clutter en Colombia deben existir muchas, familias que resisten y sobreviven a
la sangre fría de algún criminal. Para quienes aún no han leído el libro A
sangre fría del periodista y escritor Truman Capote, quizá no sepan quién es la
familia Clutter y mucho menos sabrán de la crudeza de Dick Hickock y Perry
Smith. En resumidas cuentas: a las afueras de un pueblo llamado Holcomb, en una
zona solitaria, una familia es cruelmente asesinada por dos ladrones que
después emprenden la huida. Una tragedia ocurrida en 1959 al oeste de Kanzas y
de la cual Capote, captura los más apasionado momentos.
El nombre del
libro es la analogía de la forma en la que se comete el asesinato. Esto me
lleva a pensar que vivimos en una sociedad de sangre fría. Y a sangre fría.
Lo digo
porque se venden más periódicos con titulares como "Totazo mortal" y
de portada la foto de algún pobre hombre en el suelo lleno de sangre. Lo digo
también, porque siempre que en algún lugar ocurre un accidente, de muerto o
herido, siempre alrededor del afectado hay una muchedumbre que rodea la escena
y no precisamente para socorrer, sino para satisfacer el morbo del cual hemos
sido hechos y del retorcimiento con el que crecimos. Y lo sigo diciendo porque
no es tampoco su culpa ni la nuestra que
hayan tenido que crecer en uno de los países más peligroso del mundo a pesar de
la Pasión (porque país de pensión no es) de algunas marcas por insistir en que
Colombia es el mejor vividero del mundo.
¿Cuántas familias
Clutter pueden existir en este país? Familias que deben sobrevivir a diario con
el asesinato de algún hermano, tío, padre o madre, familias que deban lidiar
con una bala perdida incrustada en el abdomen de uno de sus hijos con apenas
once años. Familias como las que ahora están sufriendo en sangre propia al
ejército ‘anti-restitución’ de tierras que está en contra de que se les
devuelvan a los campesinos desplazados los terrenos que les fueron arrebatados
por los grupos armados ilegales. Familias como las que vemos a diario en los
semáforos con algún cartón diciendo "Somos desplazados".
Somos
apáticos, aceptémoslo, así crecimos y así vamos a seguir, por nuestras venas no
corre sangre sino hielo, no nacimos con el pan en la boca sino con la indolencia
debajo del brazo, pasamos por el lado de niños que recorren calles pidiendo
dinero y nos despreocupamos porque creemos que son únicamente responsabilidad
del Estado. País del asco.
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