Amor y Fantasmas... a lo que no tememos, no puede dañarnos.


No sabemos el impacto que tienen las personas en nuestras vidas, cada uno de los visitantes a nuestro mundo personal crea un nuevo cambio de actitud, de emociones en general, de todo lo que nos rodea. Nuestro ámbito social cambia, los amigos se cruzan, el dinero se revuelve y las familias se conectan (tal vez la parte menos agradable de esta historia).
Mientras en nuestras relaciones estemos en el mágico momento de “el amor es eterno” y los sentimientos floten entre unicornios y corazones, todo estará siempre perfecto: nos compenetramos, nos volvemos uno solo y llegamos al éxtasis de amor intenso, perfecto.
Pero habrá de llegar el fin y con él las preguntas. Seamos amigos, ¿Por qué no? Podemos salir juntos, tal vez. O podemos terminar en una batalla campal que, gracias a la fusión previa de afectos, amistades y vida en general, termina soltando chispas y escombros sobre todos los que nos rodean.
Se va el amor y con él se van las buenas intenciones, poco a poco se van también los profundos deseos de desatar un desastre natural sobre la otra persona. Todo termina archivado en los “intocables” folios del olvido, de donde esperamos, nunca salgan ni vean la luz del día.
Nuestro cuarto de archivos, extenso o corto, siempre estará habitado por fantasmas, seres etéreos que nos espantan en sueños y recuerdos, en lugares que se vuelven imposibles de revisitar, olores que ahora causan disgusto, canciones que irremediablemente pertenecen a esa otra persona y un sinnúmero de pequeños documentos que se escapan de los cajones y las telarañas y aparecen de forma inesperada para espantar nuestros corazones.
Y si reaparecen, ¿De qué vale tanto esfuerzo dedicado en los primeros meses post–ruptura, si en alguna esquina o en un nombre repetido vuelve a espantarnos aquel espectro que, de alguna forma, se resiste a abandonar la existencia? ¿quién no vio reflejado en alguien que acaba de conocer una sonrisa demasiado familiar o en un sabor dejado atrás las emociones de alguien que creíamos olvidado?
No sé si sucede igual para todos, no sé si de alguna extraña manera todos tenemos la forma de mantener vivo un viejo recuerdo por medio de nuestros propios sentimientos y si tal vez nos veremos, como en el cuento de navidad, espantados por los espíritus de relaciones pasadas, que plagan nuestro presente y afectan nuestro futuro.
Las gélidas manos del espíritu olvidado se pasan por nuestras mejillas y hombros revolviendo el pasado y poniendo una pequeña luz sobre un archivo que debía permanecer cerrado. Dudas, malas decisiones, “asuntos pendientes”… si son esas las cosas que, según quienes entienden del tema, mantienen a los espíritus atados con los seres terrenales, ¿no pueden entonces ser los mismos factores que mantienen a los espíritus de relaciones pasadas atados a nuestro presente?
La solución es aprender a vivir con ellos, convertirlos en espíritus amistosos que lejos de asustar acompañen y sencillamente existan. “Si no puedes contra tu enemigo, únete a él” es la terapia más acertada. Bienvenidos espectros, porque a lo que no tememos, no puede dañarnos.