Tocar el cielo es fácil:
tengo que vivir del amor y para el amor.
tengo que vivir del amor y para el amor.
Tengo que amar cada segundo en el que tenga la oportunidad de vivir, puesto que es allí en donde aprecio la grandeza del universo.
Debo amar incluso lo que a ratos no se me hace muy agradable, ello le pone cierto “picante”
a mi existencia y me recuerda que no todo en este mundo debe ser como yo quiero que sea.
a mi existencia y me recuerda que no todo en este mundo debe ser como yo quiero que sea.En muchas oportunidades, se me pasa por alto o me puede parecer “tonto” e “inadmisible” amar tareas a las que no les doy mayor relevancia como el comer. Sin embargo, ello en si ya es una bendición que amar: puedo sentir el olor, el sabor, el gusto y las texturas de los alimentos; puedo ver los colores y tengo el placer de consumir algo que es de mi gusto. En fin, en ese acto tan sencillo asisto a una danza de los sentidos en la que bailan mis percepciones, sensaciones y evidenciamos la grandeza de ser humana. Mas ahora cuando me he sentido tan mal y la enfermedad hace que sienta que la vida se me va.
Comienzo a valorar que el ...Amar parte de lo sencillo de la cotidianidad. Pero resulta paradójico que pareciera que sólo en ocasiones de dolor o especiales quiera demostrarle a los demás cuanto les amo… Quizá vivo imbuida por una rutina o un miedo a la expresividad que sólo me permite regalar migajas y cortos instantes de amor… Pero lo cierto es que NADIE merece migajas ni cortos instantes…
Regalo presentes con el ánimo de querer demostrarle a alguien que le amo, pero se me olvida demostrar ese sentimiento a diario, cuando tengo la posibilidad de llenar su corazón a partir de las bienaventuranzas de lo inesperado.
No hay nada sorprendente en que regale una golosina o una valorizada joya: ambos son objetos sin vida, dotados de una frialdad que a veces resulta desgastante.
Estos objetos no representan en nada al amor, sólo dejan entrever una cultura en la que prima lo material sobre los sentimientos, en la que debo dar presentes casi por “obligación” y qué problema se me arma si no doy algo que esté a la altura de la situación… Me veo obligada a dar un regalo de vuelta, pues si se me dio un presente, yo también debo hacerlo, debo devolvérselo.
Estos objetos no representan en nada al amor, sólo dejan entrever una cultura en la que prima lo material sobre los sentimientos, en la que debo dar presentes casi por “obligación” y qué problema se me arma si no doy algo que esté a la altura de la situación… Me veo obligada a dar un regalo de vuelta, pues si se me dio un presente, yo también debo hacerlo, debo devolvérselo.¡Y no! ¡Definitivamente no! No hay magia en este tipo de detalles prefabricados y cuidadosamente pensados para no levantar una mala acción del “qué dirán”.
Ningún objeto por costoso que sea, podrá llenar un espíritu, la felicidad no se regala en forma de autos, ropa o chocolates. Siento que la vida en instantes se me va y nada de eso me llena
La felicidad se regala en forma de besos, abrazos, susurros, caricias y sentimientos. Esto sí configura un verdadero regalo, puesto que con esto regalo un pedacito de mi, que sólo yo puedo entregar de forma calurosa y desinteresada… Esto, no puede adquirirse con todo el dinero del mundo…
Todos los días, mi apuesta es amar desde lo cotidiano y entregar algo de mi mismas, algo que no esté afuera y no pueda comprarse, algo lleno de amor y no de obsolescencia:
entrega simplemente amor.
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