Estoy diciendo en voz alta lo que todas murmuramos de manera cobarde.

Al latino machista y tirado a romántico para que de esa manera
enterarse de todo lo que uno hace y no hace en el día llegan a ponerse de intensos y al que le caiga el guante, que se lo ponga... Admito que es una generalización y hay excepciones. Aclaro en mi favor que este texto resulta de escuchar a muchos congéneres. Es decir, estoy diciendo en voz alta lo que todas murmuramos de manera cobarde.
Mi propia madre ilustra a nuestras connacionales con el siguiente chiste: "¿En qué se parecen los zancudos a las hombres?... en que se despiertan, estiran sus extremidades, se frotan los ojitos... ¡y a joder todo el berraco día!".
He padecido una situación que bauticé como el síndrome "Plan ilimitado - Mi preferido de Molestar". Les expongo el tema de manera cronológica, a ver si comprenden mi punto:
7:00 a.m. El (latino machista, por supuesto)  llama a preguntarme cómo había dormido, qué había desayunado, cuáles eran mis expectativas del día y cuánto lo había pensado.
11 a.m. Pedía una actualización de la jornada, averiguaba si había tomado onces y, por segunda vez, indaga si lo he pensado.
3 p.m. "Qué almorzaste", pregunta. "¿Qué diablos tiene eso de importante?", pienso para mis adentros. El repite: "¿Y me has pensado?".
7 p.m. Cuando acababa su jornada laboral, yo aún estaba en el clímax del día, en medio de mis labores de no se que. Eso no le impide contarme detallados chismes de personas que yo no conozco o hablarme de temas de oficina.
11 p.m. Hora del innegable besito telefónico de las buenas noches. "¿Vas a soñar conmigo?". Mientras le decía que sí, pensaba: "Hummmm, a menos que el sea pariente de Freddy Krueger, no va a poder atraparme en mis sueños". El ciclo se repite a las 7 a.m. del día siguiente.
En una ocasión estallé cuando me preguntó: "¿Y qué más?". Fui franca: "Desde las 11 de la noche que hablé contigo no ha pasado nada (suspiro); te lo juro, por Dios, que se muera mi mamá si miento (suspiro); claro..., han acontecido ciertas cosas (suspiro), como que me levanté 15 minutos tarde, me demoré graduando el agua para que quedara tibia, había un pelo en el jabón (suspiro); desayuné pan y huevos; y al fin conseguí una silla en el bus (suspiro)... pero... créeme (suspiro), nada de eso es importante; cuando pase algo trascendental te lo haré saber, lo prometo, te doy mi palabra".
No se confundan, así los amamos, hay millones de cosas que adoramos de ustedes; nos encanta su picardía tropical. Pero este es un grito de desahogo para exponerles los que nos hace perder la paciencia. Habrá otro momento para decirles los especiales que son.
¡Uff!


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