Levanté la mirada hacia el cielo y comencé a recordar las memorias de mis días. Visualicé mi infancia y pensé en esa inocencia que nos caracteriza a todos a esa edad, en como la vida esta llena de inolvidables travesuras sin sentido, en los juegos de pelota con los amigos que crecimos, algunos de los cuales ya no se encuentran más aquí, también en las innumerables veces que deseaba ser adulta, ya que en la niñez la palabra adulto es sinónimo de libertad, de poderes inalcanzables.
Sin saber aun que cuando la edad avanza, la libertad se carcome, se ausenta o simplemente se aprisiona, y esos poderes antes inalcanzables se vuelven un cumulo de responsabilidades que transforman la vida en problemas. El viento soplaba aun mas con más fuerza, y el frio comenzaba a invadirme por completo, pero eso no congelo mis pensamientos. Continuaba en ese viaje por el tiempo, recordando como la edad se vuelve implacable menguando en muchas ocasiones la felicidad, otras veces dibujando sonrisas, con muchos tropiezos, perdidas irremediables, y todas esas cosas que nos enseñan el valor de la vida.
Sin darme cuenta había dejado de ser niña, esa inocencia se había esfumado sin marcha atrás, dejé de ser niña, no solo de la mente.
Mi cuerpo había cambiado, igual que lo hace la mirada, igual que la percepción que tenemos sobre el sexo, igual que la percepción que tenemos sobre la vida.
Entonces comencé mi camino en la búsqueda del amor. Me pensé enamorada muchas veces y al darme cuenta de mi error, conocí la decepción, no solo la conocí una vez, de hecho la viví mas veces de las que pensé que podía resistir
Repentinamente dejé de creer en el amor y resolví no enamorarme jamás, pero descubrí que nadie tiene decisión sobre eso, descubrí que uno vive enamorada toda su vida, pues el amor no se resume en amar a tu pareja, el amor reside en uno mismo, el amor se hace presente en la familia y en la amistad, entonces amé mas a mi familia, al igual que a mis amigos, solo a aquellos que en verdad lo eran, aquellos que jamás se fueron a pesar de la adversidad, los que me levantaron del piso en innumerables ocasiones, que lloraron junto a mí y rieron conmigo también.
Pasé mucho tiempo alejada de las relaciones amorosas, a pesar de que conocí muchas personas de las cuales pude haberme enamorado, pero en esos momentos no podía amar de esa manera, así que terminaba alejándome, o en el peor de los casos lastimada.
Jamás me culpé por eso, ya que es una ley de la vida que: "conoceremos a mil y un personas a las cuales podremos amar o lastimar".
Después de eso me volví escéptica, en ocasiones incrédula o antipática, hasta que sin pensarlo, me volví a enamorar.
Muchas personas creen que el amor solo te sucede una vez en la vida, pero a mí la vida me enseñó que cada segundo te enamoras de mil maneras de todo aquello que forma parte de tu vida, me enseñó también que cuando sufres una decepción, es una manera de aprender a discernir de lo que es tuyo y lo que no, pues no existe luz sin la oscuridad.
Y entonces llegó el momento de pensar en mi presente, doloroso, incomprensible, casi siempre tenebroso, pero al final mío por alguna razón, decidí no volver a cuestionar a Dios del por qué de mi situación.
Desde hoy sonreiré por cada respiro, por cada abrazo, por cada beso, por cada lágrima y por todas aquellas palabras que aquí quedarán plasmadas para la eternidad como un regalo que Dios y la vida me han obsequiado.
Desde hoy apreciaré cada momento como algo que no vuelve jamás.