Me sorprendió un día con un te quiero. Tuve un momento de vacilación, no me lo esperaba. Llevábamos poco tiempo juntos y soy de las que no dicen las cosas que no sienten. Le contesté: gracias. Lo sé, suena mal. Pero esperen, aún no me odien. Antes de juzgarme déjenme explicarles. Definitivamente un yo también estaba fuera de mis opciones. ¿Qué es un yo también? Un yo también es una respuesta automática. Es como un yo no fui al romperse algo cuando éramos pequeños. Un yo también no era suficiente para expresar lo que yo quería que él entendiera. Yo necesitaba decirle gracias, un gracias de verdad. Un gracias por despertarme cada día con unas intensas ganas de vivirlo. Un gracias por las sonrisas que me provoca cuando me mira de esa forma que no sabría describir. Debía responder un gracias por todas las mariposas que revoloteaban en mi estómago y las mejillas rojas cuando me decía cosas tan bonitas que me provocaba ocultar mi rostro. Un gracias por entenderme o, al menos, intentarlo (soy terriblemente complicada). Un gracias por los mensajes de buenas noches deseándome dulces sueños (que no sé si sepa que no son tan dulces cuando aparece él y los transforma en húmedos). Un gracias por los besos que derriten el hielo que me queda en el corazón. Un gracias por los regalos, por las caricias, por las canciones, por las bromas, por la confianza. Gracias por quererme, porque nunca nadie me ha hecho sentir tan querida. (Ahora que escribo esto siento que debería haber dicho perdón, porque creo que hasta salgo debiendo.) Así que sí, yo también, pero no, no me sirve, él sabe que lo quiero y cada vez lo quiero más. Principalmente, gracias.
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