Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma
de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona
que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para
resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan. No he nacido
para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido
para estimularles con tal de que continúen a mi lado. Mi propia existencia, mi
ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no
he de agotarme haciendo más.